Carlos León, coordinador 15º Symposium Nacional de Sanidad Vegetal

Entrevista
Carlos León, coordinador del 15º Symposium Nacional de Sanidad Vegetal

‘Los cultivos menores necesitan materias activas, son estratégicos en algunos territorios’

La 15ª edición del Symposium Nacional de Sanidad Vegetal, organizado en Sevilla por el Colegio Oficial de Ingenieros Técnicos Agrícolas de Andalucía Occidental (COITAND), entre el 23 y el 25 de enero próximos, apuesta por las nuevas tecnologías y la agricultura 4.0. Carlos León, vicepresidente del colegio y coordinador de la convención, defiende la apuesta de las administraciones por la investigación para lograr nuevas herramientas y la necesidad de tener en cuenta las necesidades de los llamados cultivos menores, que son estratégicos en algunas zonas.

¿En qué situación se encuentra la sanidad vegetal actualmente en España y en Andalucía?
En general, la sanidad vegetal está bien en el aspecto técnico, contamos con profesionales, medios, infraestructuras y tecnología. El principal problema de la sanidad vegetal tanto en España como en Andalucía es básicamente la reducción de materias activas y el asunto de cultivos menores, tenemos 90 catalogados así, algunos tan importantes como las espinacas o los garbanzos que por estar en este grupo tienen menos herramientas que otros. En ciertos territorios son cultivos estratégicos y se puede poner en peligro la economía del cultivo y la rentabilidad para los productores.

¿Qué se está haciendo para conseguir más herramientas?
En la mesa sectorial impulsada por el Ministerio de Agricultura participan productores, agricultores, empresas comercializadoras, fabricantes y administraciones. Se están buscando soluciones para esas herramientas fitosanitarias teniendo en cuenta la rentabilidad para las empresas porque desarrollar un producto fitosanitario cuesta varios millones de euros, registrarlo en algunos cultivos también tiene un coste. El consumo de determinados productos no rentabiliza los registros de productos. Hay que buscar una solución.

¿Cuál podría ser?
Yo confío en que en un futuro haya algún acuerdo para que se faciliten los registros en determinados cultivos y que no sean siempre autorizaciones excepcionales, no podemos vivir de la excepcionalidad. Se trata de autorizar las materias activas en esos cultivos y si todas las garantías sanitarias hechas por estudios comparativos están correctas, buscar un acuerdo administrativo.

¿Cómo afronta el sector la reducción de fitosanitarios químicos para controlar plagas y enfermedades? ¿Hay medios alternativos suficientes?
Los cultivos mayores tienen herramientas, incluso después del recorte. y aunque se dificulte el trabajo de los técnicos, los cultivos son viables desde el punto de vista agroeconómico. Se quitan productos por el principio de precaución. Antes lo que era potencialmente peligroso, controlando ese peligro, se autorizaba. Ahora se prohíbe, aunque se controlen los riesgos. Nos hemos quedado con el 20% de materias activas. Los cultivos mayores siguen teniendo buenas herramientas. La parte que muchos llaman ‘biológica’, la que en el reglamento habla de ‘no química’, es otro pilar importante para el avance. El nuevo reglamento de sanidad vegetal dice que se primarán los métodos no químicos y para eso hay que promocionar el registro de esos medios.

¿Se está apoyando la investigación en plagas emergentes?
La Unión Europea tiene una comisión de plagas emergentes, uno de los comités está en Sevilla. En Europa y en España se está apostando por la investigación y la coordinación entre los organismos que investigan.

Ya se ha declarado la Xylella fastidiosa en Andalucía y en otras comunidades. ¿Qué se está haciendo para evitar que se extienda?
Primero aclarar que en Andalucía solo ha habido un foco, en abril, de tres plantas en un vivero de Almería, un foco controlado y que ha habido algún caso en Madrid y Alicante. Sí hay casos, pero no podemos decir que tenemos la plaga instalada. Los medios de control de momento están funcionando bastante bien. En Andalucía detectar tres plantas en un vivero donde hay miles de plantas y tener el foco controlado, no tener ningún positivo más, demuestra que se las cosas se están haciendo bastante bien. El principal problema está en las entradas descontroladas de algún turista o algún inconsciente que no se da cuenta de lo que hace. La profesionalidad del sector y de las administraciones yo creo que en Andalucía y en el resto de España está siendo modélica.

¿Por qué el 15º Symposium Nacional de Sanidad Vegetal dedica una mesa a ciencia, mitos o populismos?
El sector de la sanidad vegetal igual que muchos sectores no está exento de las ‘fake news’, las falsas noticias. Si volvemos a dejarnos ganar por eso perdemos el método científico y volvemos a la Edad Media. Hay que saber transmitir a la sociedad. Esa ponencia trata de la transmisión a la sociedad de la realidad de la sanidad vegetal, el control de enfermedades y plagas, transmitir que hoy comemos más seguros que hace diez, quince años o 30 años. Para combatir esos mitos hemos querido llamar la atención.

¿Puede poner algún ejemplo de un mito o populismo que hayan tenido en cuenta?
Todo el mundo habla del glifosato. Según la  EFSA (European Food Safety Agency) es un producto seguro, según los ecologistas no es un producto seguro. Hay que atenerse a todos los estudios que hoy en día en Europa avalan el producto. Este es un tema muy controvertido, con informes contrarios, pero es punta de lanza para otro tipo de confusión que se lanzan al mercado. Todo esto, sumado al discurso de que comemos más químicos que nunca y que las nuevas enfermedades se derivan del uso de pesticidas, cuando a mi modo de ver no es cierto. El 97,3% de la producción agrícola está por debajo de los límites de residuos con una de las legislaciones más restrictivas del mundo, y solo el 2,7% está por encima y lo sabemos, porque se controlan y retiran esos alimentos del mercado. No podemos lanzar falsos bulos de nuevas enfermedades o afectaciones a la población si no tenemos un método científico que lo avale.

Algunos productores se quejan de las restricciones de fitosanitarios de la UE en la producción y la falta de control en la entrada de productos de terceros países.
No estoy de acuerdo con esa afirmación porque, además de los controles del ministerio que se puedan hacer en frontera, las cadenas de distribución son aún más restrictivas con independencia del origen, ya sea Marruecos, Costa Rica u Honduras, de donde llega mucho melón, sandía o tomate, más restrictivos algunas veces que las autoridades nacionales. Los controles deben ser los mismos sobre los productos finales. Diferente es el control medioambiental en el país de origen, o de condiciones de seguridad laboral de los trabajadores. Yo puedo usar un fitosanitario en esos terceros países que no deja residuo en fruta, que en Europa esté prohibido, por ejemplo porque afecta a los acuíferos y quizás en esos otros países se tiene menos conciencia medioambiental; o productos como la cianamida de hidrógeno, un producto bastante peligroso para los aplicadores que ya está prohibido en Europa, pero que otros países como Perú, Chile, incluso EE. UU. siguen usando pero que nunca va a aparecer en un fruto al ser aplicado en momentos de parada vegetativa de los árboles. Son controles más de seguridad laboral y medioambiental los que quizás no se cumplan fuera de nuestras fronteras en algunos casos. Los de límites máximos de residuos hoy en día estoy dispuesto a asegurar que se cumplen.

Rosa Matas.

Publicado en Revista de Fruticultura nº66

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