Jordi Giné, responsable del Servicio de Sanidad Vegetal (SSV) del DARP de la Generalitat de Catalunya

Entrevista
Jordi Giné, responsable del Servicio de Sanidad Vegetal (SSV) del DARP de la Generalitat de Catalunya

‘Gracias a la confusión sexual, el crecimiento de la viticultura ecológica ha ido a más’

La renovación de la autorización para poder utilizar el cobre en la Unión Europea por un período de 7 años, acompañada de una serie de restricciones y una disminución de las cantidades a aplicar, la aparición y penetración de plagas, como la Xylella fastidiosa son temas que interesan al sector. Para conocer más detalles de estos y otras temáticas hemos conversado con Jordi Giné, gran conocedor de todo ello por su cargo y por haber estado muchos años, también, asistiendo a reuniones sobre sanidad vegetal en Bruselas.

 

¿En qué situación se encuentra el uso de productos de cobre en viña?

En este tema hay dos aspectos a tener en cuenta. Uno, es que España ha revisado durante 2018 los productos cúpricos por principios uniformes, ya que de acuerdo con la anterior normativa cada país de la UE debía de hacerlo. En el caso español, se llevó a cabo el año pasado y como resultado ha quedado limitado el uso de muchos formulados de cobre en viña. El problema surge cuando, en abril del año pasado, las casas comerciales nos alertan de que estaban perdiendo los usos del cobre en ese cultivo. El Ministerio de Agricultura había retirado la autorización de muchos productos cúpricos y los que habían quedado tenían muy limitado el número de aplicaciones por hectárea para tratar el mildiu. Ante la preocupación de viticultores y empresas, nos dirigimos al ministerio, que nos contestó que las empresas disponían de tres meses para vender estos productos una vez recibiesen la resolución, a los que se añadían otros tres meses para poder ser aplicados por los agricultores. Con estos seis meses de plazo, nos íbamos como mínimo al mes de octubre, por lo que el año pasado los agricultores pudieron aplicar el producto ya comprado. El problema lo van a tener a partir de este 2019 puesto que ahora sí que se deben aplicar las restricciones de los fitosanitarios de acuerdo con la revisión efectuada el año pasado. Por ello, el agricultor debe vigilar a la hora de comprar productos cúpricos que estén autorizados en viña, porque muchos de los que utilizaba habitualmente han perdido ese uso, incluso hay formulaciones prácticamente idénticas, como el caldo bordelés, que unas están autorizadas en viña y otras que no.

Esto ha coincidido con el otro aspecto a considerar y es que el 31 de enero de este año se acababa la autorización de la sustancia activa compuestos de cobre (no el formulado que vemos en el mercado) en la Unión Europea (UE) y se debía proceder a la renovación de la aprobación. Resulta que la Comisión Europea, a través de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés), evaluó unos estudios en los que se vio que el cobre metal era un producto que puede llegar a ser tóxico para organismos del suelo y acuáticos, entre otros riesgos. De hecho, los compuestos a base de cobre están considerados como sustancias candidatas a sustitución, lo que significa que deben ser sustituidos siempre que sea posible. Después de un intenso debate durante todo el 2018, a finales de año, Bruselas tomó la decisión de renovar la autorización de los compuestos de cobre a un máximo 4 kg por hectárea y año (cuando hasta entonces se podían aplicar en agricultura ecológica hasta 6 kg/ha/año) con flexibilidad entre años (es decir, el límite máximo serán 28 kg en 7 años. Así, durante los siguientes 7 años, tiempo de la prórroga finalmente establecido por la UE (al principio se hablaba de 3 años) tras la presión de algunos países como el nuestro, el viticultor solo podrá aplicar esa cantidad. Se trata de una cantidad que en años húmedos con mucho mildiu puede resultar insuficiente, sobre todo en viticultura ecológica donde no se pueden aplicar funguicidas químicos.

Ahora, desde la Administración, los Servicios de Sanidad Vegetal afrontamos también el problema de cómo controlar las aplicaciones de cobre en estos 7 años, es difícil saber si un agricultor no ha usado más de los 4 kg/ha/año de promedio.

 

‘Las ADV y los técnicos de la administración han mejorado el control de plagas y enfermedades’

 

A parte del cobre, ¿qué otros problemas se han dado en viña ecológica?

Lo importante en este campo ha sido la investigación y la transferencia tecnológica desarrollada. En Cataluña tenemos muchas Agrupaciones de Defensa Vegetal (ADV), que han trabajado con el Departamento de Agricultura, con nuestros técnicos, para poner a punto técnicas alternativas a la lucha química. Un ejemplo es el control de la polilla del racimo de la vid (Lobesia botrana), un insecto que tiene tres generaciones, que agujerea el grano de uva cuando está creciendo, provocando la entrada de hongos y, en consecuencia, podredumbres. Antes, la polilla del racimo se trataba como mínimo tres veces a lo largo de la campaña (coincidiendo con las generaciones) con organofosforados que la UE ha ido retirando junto a los organoclorados. Pero surgió la técnica de la confusión sexual. A finales de los años 80, principios de los 90, empezamos a probar con empresas y viticultores importantes de forma conjunta esta técnica. Primero en 20 ha, después en 40, en 100 ha. etc. Aunque ha costado años ponerla a punto, debido a que hay que realizar un cuidadoso seguimiento, actualmente es una técnica muy reconocida e implementada gracias sobre todo a las ADV. Existen varias casas comerciales productoras de feromonas. La confusión sexual es un método efectivo, aunque en algún caso puntual se pueda efectuar un tratamiento con algún producto biológico como Bacillus thuringiensis u otros. Además, es una técnica que cuenta con una ayuda del Departamento de Agricultura (a través de las ayudas agroambientales del PDR). Para poder acogerse a esta ayuda, el agricultor debe pertenecer a una ADV o estar certificado en Producción Integrada y aplicarla en una superficie mínima de viñedo. Gracias a la confusión sexual el crecimiento de la viticultura ecológica ha ido a más.

¿Cuáles son las plagas y enfermedades que más hay que vigilar?

En viña, las que más preocupan son el oídio, el mildiu y la polilla del racimo. No obstante, existe un amplio abanico de plagas y enfermedades que actualmente no están presentes en nuestro territorio, pero ante las cuales debemos tener la máxima vigilancia como la Flavescencia dorada, que se detectó cerca de la frontera con Francia y estuvimos controlando durante varios años en el Alt y Baix Empordà, donde hubo dos focos que se erradicaron. Lo que sí tenemos en Cataluña es el insecto vector (Scaphoideus titanus), que hemos encontrado desde el Alt Empordà hasta el Priorat. Al haberlo detectado, los agricultores de la zona están obligados a hacer unos tratamientos obligatorios contra el vector. Lógicamente, si hacen ecológico hemos intentado que se autoricen piretrinas naturales, ya que no pueden utilizar productos insecticidas sintéticos.

Respecto a otras plagas de la viña, la más importante es Xylella fastidiosa, que tampoco se ha detectado en Cataluña, pero sí que preocupa mucho porque una de las subespecies que se ha encontrado en Mallorca es la fastidiosa que está provocando la enfermedad de Pierce en viñas de los Estados Unidos y está causando muchas pérdidas. Xylella fastidiosa se ha conocido siempre por la enfermedad de Pierce que afecta a los viñedos de California donde deben de realizar tratamientos intensivos contra los vectores y cuando localizan una planta enferma arrancar inmediatamente. El problema es que ahora ha entrado en Europa. Primero lo hizo la subespecie pauca que afecta al olivo, en Italia. En España, ha aparecido en Alicante la multiplex que afecta al almendro, y en viña en las Islas Baleares la subespecie fastidiosa. También se han registrado casos de esta enfermedad en otros puntos de Europa. De momento, no puede salir planta de las Baleares, pero existe un riesgo muy elevado de que nos pueda entrar Xylella fastidiosa, en concreto esta subespecie denominada fastidiosa, que afecta a la viña y también a un amplio abanico de plantas. Cabe recordar que Xylella fastidiosa es una gran amenaza por la gran variedad de plantas huésped que infecta, más de 350. Su contención y erradicación es pues difícil.

A nivel mundial, en la viña hubo un antes y después de la filoxera. ¿Puede volver a producirse una plaga similar?

La filoxera de entonces no deja de ser la Xylella de ahora. Como en el caso de esta última, fue un insecto que entró en Europa procedente de Estados Unidos. Se trajeron viñas infestadas y como las de aquí eran sensibles se murieron. Era muy difícil de controlar porque se trataba de un insecto que se introducía en las raíces. En el caso de Xylella, lo mismo. Como ya he dicho, si no se hubiese producido un movimiento de planta de América hacia aquí, esta bacteria se hubiese quedado allí. Además, Xylella al ser una bacteria no tiene tratamiento, ya que en Europa está prohibido tratar los cultivos con antibióticos. En América sí están autorizados, pero tampoco están siendo eficaces. Así que sí, nos preocupa que pueda volver a ocurrir una situación como la que se dio entonces con la filoxera.

¿El cambio climático condiciona el uso de fitosanitarios?

Según los expertos, los efectos del tan hablado cambio climático se están viendo en los viñedos en que cada vez se están plantando en zonas a mayor altitud. Personalmente, desde el punto de vista de sanidad vegetal, no he notado cambios significativos. Lo que sí he observado es que gracias a las ADV y a los técnicos de la administración se ha mejorado el control de plagas y enfermedades. Antes, por ejemplo, se efectuaban muchos tratamientos insecticidas en la viña y ahora no se hace prácticamente ninguno si se aplica la técnica de la confusión sexual.

Usted ha sido representante de las Comunidades Autónomas en el Comité Permanente de Plantas, Animales, Alimentos y Piensos de la Comisión Europea. ¿Qué le ha supuesto este cargo?

Estuve desde el 2008 al 2017. En estos comités, además del representante del ministerio, que es el oficial, hay uno de las comunidades autónomas cuya función es escuchar, ayudar al ministerio y después redactar un informe para informar al resto de las CC. AA.

Formar parte de este comité de sanidad vegetal, que se reúne mensualmente durante dos días superintensivos en Bruselas, va muy bien porque allí se debate sobre todas las plagas mundiales, del riesgo que hay que entren en Europa; te enteras de cualquier foco o problema que ha habido en el resto de Europa y de cómo han actuado, si han tenido éxito o no. Por ejemplo, cuando entró Xylella fastidiosa en 2013 fui de los privilegiados que conoció desde el primer momento lo que pasaba y he podido ver cómo ha ido evolucionando esta enfermedad.

 

‘El riesgo de entrada de nuevas plagas/enfermedades en un mercado globalizado es cada vez mayor’

 

A nivel de sanidad vegetal, en Europa, ¿se tiene una visión general o como pasa en otros campos del sector agrario existen diferencias entre los países del norte y los del sur?

Entre nosotros y los países del norte existe un posicionamiento y una visión diferente. Ha habido momentos de crisis en las reuniones, como por ejemplo en el tema de las naranjas. Para los países del norte (Inglaterra, Suecia, Holanda, …), las naranjas procedentes de países terceros no suponen ningún riesgo de entrada de nuevas plagas/enfermedades porque no son productores; para ellos la Comisión no debe ser tan estricta en este tema. En cambio, el sector citrícola español reclama que se endurezcan los controles en frontera, pues cree que la UE es demasiado permisiva con las importaciones de terceros países. El Reino Unido había incluso llegado a comentar que se hicieran dos normativas, una para los del norte y otra para los del sur, y a eso la Comisión Europea siempre se ha negado. La normativa tiene que ser la misma para todos, debemos ser igual de estrictos en Rotterdam que en Valencia, lo único que cambia es la percepción del riesgo por parte de unos u otros. El principal motivo es porque en la UE hay el mercado libre. Si los requisitos no fueran los mismos para todos los estados miembros, los terceros países podrían decidir entrar por alguno de los países con restricciones menos duras y una vez allí podrían trasladar la mercancía por el continente europeo a cualquier otro estado miembro. En el caso de los productos fitosanitarios sí que se han diferenciado tres zonas en Europa, pero ha sido para poder facilitar su registro.

Respecto a la sociedad, ¿cree Ud. que esta conoce el nivel de control que hay en el tema de los fitosanitarios?

Se ha mejorado mucho, tanto a nivel del productor como del consumidor. Lo que está claro es que hay plagas y enfermedades y se debe actuar frente a ellas, ya sea a nivel convencional como ecológico o integrado. Actualmente, hay una percepción por parte de la sociedad de que se aplican muchos fitosanitarios, pero la realidad es que desde que entré en 1983 en el Servicio de Sanidad Vegetal del Departamento de Agricultura hasta ahora se han reducido mucho los tratamientos fitosanitarios. Además, los agricultores saben más, muchos de ellos están en ADV, que disponen de técnicos que los asesoran en la gestión integrada de plagas, todos han de tener una formación en este ámbito (disponer de carnet de aplicador) y los productos más peligrosos se han retirado. Y encima, en Europa somos más estrictos que en el resto del mundo. Aquí no tenemos antibióticos y los requisitos son mayores que en los EE. UU. Pienso que en este sentido hemos evolucionado mucho y bien. La entrada en vigor de la normativa europea del uso sostenible de los productos fitosanitarios ha mejorado las aplicaciones de estos productos. Destacar también que gracias a la implementación de técnicas alternativas (confusión sexual, captura masiva…) que han puesto a punto las empresas, universidades, centros de investigación como el IRTA, las ADV, se han eliminado tratamientos masivos aéreos en el arroz, el olivo, y reducido los tratamientos insecticidas en frutales, cítricos, viña… ¿Podemos hacerlo más? Sin duda, aunque debemos tener en cuenta que el riesgo de entrada de nuevas plagas/enfermedades en un mercado globalizado es cada vez mayor. Queremos comer fruta todo el año y procedente de todo el mundo, corremos pues el peligro de que en esta fruta o en los containers o la madera de los palets que las transportan nos lleguen plagas o enfermedades.

¿Existe un mayor control fitosanitario a la hora de comprar o trasladar cualquier material vegetal?

Sí, por supuesto. Por ejemplo, hasta que no apareció Xylella fastidiosa se podían comprar olivos sin ningún problema. Desde su aparición en Europa, cualquier venta de olivos ha de llevar el pasaporte fitosanitario como lo hacen la mayoría de plantas para poder venderse. A partir de finales de este año entrará en vigor un nuevo reglamento europeo que obligará a todas las plantas a llevarlo cuando estas se destinen a agricultores y a profesionales. Existe un riesgo reconocido por la propia UE, sobre todo en el caso de los turistas que van a países lejanos o tropicales que pueden traer frutas o semillas o planta en la maleta. Y esto Europa quiere regularlo al igual que muchos países como EE. UU., Cuba o Australia… en los que cualquier turista cuando llega allí no puede llevar ni una manzana, ni una pera, ni nada, te lo retiran automáticamente. En Europa, en cambio, el reglamento era más laxo. Ahora será mucho más estricto.

¿Ustedes también controlan los viveros?

Sí, porque de acuerdo con la Unión Europea el control es en origen. Hemos de garantizar que los viveros estén todos controlados; cada comunidad autónoma lleva un registro de los mismos y los autoriza a emitir pasaportes si no padecen plagas de cuarentena, ya que si se detecta alguna deben destruir todas las plantas y lotes afectados. Además, durante una temporada no pueden vender hasta que no se garantice que estén libres de esa plaga o enfermedad.

Isidre Font, Barcelona.

Publicado en Enoviticultura nº 58

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