Localizadas y recuperadas variedades de vid olvidadas del Pirineo

Finaliza el proyecto Valovitis, que durante tres años ha estudiado y evaluado variedades minoritarias autóctonas de vid que sólo existían en conservatorios o antiguas parcelas

¿Usted conoce una antigua parcela de vid? ¿Ha observado cepas aisladas durante un paseo por el bosque? ¿Tiene un viejo emparrado creciendo en la fachada de su casa o cepas con más de 30 años de edad en su jardín? Con estas preguntas que se encontraban en la página web del proyecto transfronterizo Valovitis (Valorización de las variedades de vid minoritarias del Piedemonte Pirenaico) iniciamos el artículo en el número 52 de marzo/abril del año pasado de la revista Enoviticultura, en el que se presentaron los resultados parciales de este proyecto financiado mediante el programa europeo INTERREG V–A POCTEFA (2014–2020).

En Valovitis, que comenzó en el mes de mayo de 2016, y que ha estado coordinado por el Instituto Francés de la Viña y el Vino (IFV), han participado el Laboratorio de Análisis de Aroma y Enología (LAAE) de la Universidad de Zaragoza y el Centro de Investigación y Tecnología Agroalimentaria de Aragón (CITA). Asimismo, han contribuido de forma activa como entidades asociadas la Estación Experimental Aula Dei del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (EEAD–CSIC) y el Centro de Transferencia Agroalimentaria (CTA) del Gobierno de Aragón, que ha jugado un papel clave en las actividades desarrolladas durante su realización.

Ahora, un año después, en concreto el 9 de abril, los socios de Valovitis han presentado en la Jornada de Clausura en el Aula Magna del Edificio Paraninfo de la Universidad de Zaragoza los resultados finales obtenidos tras tres años de trabajos de este proyecto de demostración que nació con el objetivo de estudiar y evaluar variedades minoritarias autóctonas de vid que solo existían en conservatorios o antiguas parcelas para fomentar su recuperación, dando respuesta a la demanda de nuevos nichos de mercado, y aportar valor añadido a los vinos ‘genéricos’ consiguiendo complejidad a través de operaciones de mezcla. En este sentido, las bases para el estudio han sido el Conservatorio Nacional Francés de los clones de vid del IFV y el Banco de Germoplasma de Vid de Aragón (BGVA) del CTA, en los cuales se ha evaluado el potencial agronómico, enológico y aromático de las variedades desconocidas para su transferencia a las bodegas, viticultores, viveros y a los profesionales de la selección de la vid.

Según ha explicado durante la Jornada de Clausura la investigadora del CITA, Eva Herrero, este proyecto no partía de cero, sino que estaba cimentado «en el trabajo de preservación de variedades efectuado durante años en el BGVA y en la caracterización molecular de variedades realizada por el Aula Dei–CSIC en proyectos anteriores». En concreto, se han localizado, identificado y seleccionado 42 variedades, con 45 procedencias de material vegetal y se han llevado a cabo un total de 91 análisis moleculares y 44 test ELISA.

En este acto se dio a conocer un pequeño catálogo en el que se enumeran de forma no exhaustiva, 15 variedades de uva francesas (12 tintas –Camaraou Noir , Gros Cabernet , Gros Verdot, Madeleine Noire des Charentes, Malpé, Mancin, Negral, Negret Pounjut, Rougette, San Antoni, Tarabassié y Tardif– y 3 blancas –Berdomenel, Guillemot y Manseng Vert–) y 11 de uva españolas (6 tintas –Ambrosina o Aubun, Benedicto, Beturian, Gonfaus, Tortozona Tinta y Parrel– y 5 blancas –Albana, Greta, Jarrosuelto, Olivana y Rotuna–). Estas variedades han sido localizadas en las proximidades de los Pirineos (a ambos lados de los mismos), en conservatorios, parcelas de estudio o, incluso, en parcelas familiares.

Ernesto Franco, de la Unidad de Enología del CTA, ha señalado que este proyecto ha supuesto «un punto de inflexión en la recuperación, conservación y estudios de las variedades del Banco de Germoplasma de Aragón que gestiona el CTA. Desde hace más de 20 años realizamos prospecciones y estudio agronómicos y enológicos de las diferentes variedades que hemos sustentado en más de 10 proyectos de investigación». Al respecto, ha comentado que Valovitis les ha permitido «avanzar para la elección de una serie de variedades interesantes y poder transferir al sector no solo información sino también material vegetal en viñedos propios de viticultores o bodegas».

Asimismo, el investigador ha detectado un interés del sector «por el trabajo reflejado en la asistencia, de importancia, tanto a la reunión intermedia en CaixaForum, como a los talleres realizados en 2018 en las D.O.P. de Cariñena y Somontano, y en este último acto en el Paraninfo de la Universidad de Zaragoza», y por «la transferencia de material a explotaciones vitícolas de las bodegas, como es el caso de las variedades Parrel y Ambrosina, a partir del próximo año se va a poder transferir este material a las dos bodegas que ya lo han solicitado».

De las variedades blancas estudiadas en nuestro país, Franco ha indicado que «Greta, Albana y Olivana, las tres encontradas solo en Aragón, son las que muestran mejores calidades y en alguna es de especial interés su posible buena adaptación a los efectos provocados por el cambio climático». Por lo que se refiere a las tintas, «Parrel, Ambrosina, Gonfaus, Beturian y Benedicto, son las de mayor interés. Especialmente Parrel, solo encontrada en Aragón, a lo largo del valle del Ebro, ya autorizada en el registro de variedades comerciales de vid, y en trámite su inclusión en la lista de variedades en Aragón; es una variedad ya nombrada por Ignacio de Asso en 1798 en la ‘Historia de la Economía Política de Aragón’». Sobre esta variedad, el experto ha avanzado que «su producción es muy buena, los vinos son especiados, coloreados, con grado moderado, buena acidez y polifenoles suficientes para vino tinto. Los rosados obtenidos son frutados, frescos y ligeros. Los estudios moleculares muestran que Monastrell es uno de los parentales». Además, «Ambrosina o Aubum, como se conoce en Francia, es una variedad adaptada a las condiciones de cultivo en Aragón, que produce vinos tintos muy frutales y frescos», mientras que Gonfaus «es una variedad recuperada en Aragón, en los Monegros, muy adaptada a las condiciones de cultivo en zonas áridas. De baja producción, es especiada, de grado medio y elevado componente polifenólico». Precisamente, uno de los vinos que se degustó durante la comida, realizada al término de la Jornada de Clausura del proyecto Valovitis en el mismo recinto universitario, estaba elaborado con esta variedad (cosecha de 2018), que tal como se indica en la ficha del catálogo tiene un carácter terpénico y fermentativo, sobresaliendo su perfil especiado con alta intensidad aromática, y en el gusto destaca la intensidad en boca, gran acidez y con grasa. El resto de vinos degustados fueron los tintos Parrel (cosechas 2016, 2017 y 2018), Ambrosina (2017 y 2018) y Beturian (2016) y los blancos Olivana, Greta y Albana, todos ellos de la cosecha de 2017.

A Ricardo López, del Laboratorio de Análisis de Aroma y Enología (LAAE) de la Universidad de Zaragoza, le ha tocado hablar del análisis aromático de los vinos obtenidos en el proyecto. López ha apuntado que «desde el punto de vista de laboratorio Valovitis nos ha resultado muy útil porque hemos visto que a pesar de que nosotros analizamos muchos vinos al cabo del año todavía quedan cosas que te pueden sorprender en cuanto a la composición química. Quizás no hemos encontrado ningún compuesto químico que no conociéramos, pero sí que las cantidades de algunos eran sorprendentes y yo veo allí mucho potencial en estas variedades para buscar una diferenciación y unos aromas que algunos ya utilizan».

El investigador ha explicado que se ha trabajado con cantidades de uva muy pequeñas, pero «la idea del proyecto también era que si demostrábamos que estas variedades tenían interés íbamos a intentar multiplicarlas, sanearlas y que pudieran estar a disposición. Y eso sí que se va a hacer, porque de hecho hay varias parcelas, tanto en Aragón como en Francia, en las que ya se van a reproducir algunas de estas plantas precisamente como consecuencia de los buenos resultados del proyecto; aunque es un proceso de años». Al mismo tiempo, López ha afirmado que «de estas variedades nadie había hecho un análisis como el que hemos llevado a cabo nosotros. Igual, el 90% no tiene interés ahora mismo, pero allí está el análisis efectuado; Además, el 10% restante sigue siendo muchas todavía porque son más de 100 las que hemos estudiado». De la variedad Gonfaus, Ricardo López ha resaltado que «me recuerda el aroma de caramelo, ese chupa chups de fresa y nata que tomábamos de pequeños, y yo creo que es debido al cinamato de etilo, que le da ese toque de flor blanca, de nata, que a mí me encanta. Imagínate un vino de maceración carbónica, con mucho más cuerpo, mucha más estructura, pero con ese aroma; pues, resulta que es muy fácil de beber».

Por un problema logístico, no pudo estar presente Fanny Prezman, del Instituto Francés de la Viña y el Vino (IFV), que debía explicar las singularidades y caracterización de los ensayos realizados dentro de este proyecto con variedades autóctonas en el país vecino.

Antes, durante la bienvenida institucional, el director general del CITA, José Antonio Dominguez, había subrayado que «se está produciendo una colaboración entre el mundo empresarial y el de la investigación y este proyecto es un claro ejemplo de ello». Y ha añadido que «más allá de los resultados obtenidos, el descubrimiento o recuperación de variedades nos abre un camino espectacular y es ver cómo han evolucionado estos vinos enológicamente». Además, Domínguez ha comentado que el proyecto Valovitis también ha sido una manera «de poner en valor los bancos de germoplasmas y, por otro lado, suponga que podamos sacar al mercado de aquí 4–5 años alguna botella de estos vinos que tienen una personalidad propia».

La jornada se ha iniciado con la intervención de Laurent Audeguín, del IFV, quien ha realizado un repaso al papel de las variedades (innovadoras, desconocidas, olvidadas y resistencias) en el futuro bajo un enfoque mundial, y la identificación y registro de nuevas variedades en Francia. Audeguín ha señalado que entre los desafíos que hay de cara al futuro destacan las resistencias a enfermedades (como la Xylella) y anticiparse a la adaptación al cambio climático. Asimismo, ha subrayado que «mantener la diversidad de nuestro patrimonio es una obligación para las generaciones futuras y la mejor manera de adaptarse al cambio climático». También ha explicado el inventario del material conocido en la zona pirenaica y la identificación de nuevas variedades, y entre las conclusiones que ha expuesto ha resaltado que se ha producido una mejora del conocimiento de la historia de la viticultura en lugares donde no hay vinos en la actualidad (Ariège, Comminges, …).

De la identificación y registro de nuevas variedades en España ha tratado la ponencia de Gregorio Muñoz, del Instituto Madrileño de investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario (IMIDRA). El investigador ha manifestado que lo importante «no es encontrar nuevas variedades sino después ver si son interesantes para ponerlas con posterioridad en cultivo». Muñoz ha comentado que España es el país con mayor superficie de viña a nivel mundial, «pero, en cambio, ocupa el sexto lugar en variedades autorizadas en registro, estando además muy lejos de Italia, Portugal y Francia, que encabezan el ranking por este orden».

Nadine Raymond, de la cooperativa Plaimont Producteurs, se ha centrado en la preservación de variedades pirenaicas en esta bodega, en concreto en la estrategia comercial para valorizar una variedad desconocida de la zona francesa, la Manseng Noir, cuya primera cepa se encontró en el año 2000, en el 2002 ya había 20 cepas en el conservatorio y de la cual ha explicado que en la actualidad hay alrededor de 25 hectáreas plantadas.

Como ya había hecho hace un año, Alberto Pavón, jefe de la Unidad de Tecnología y Mejora de la Vid del CTA, ha hablado sobre los trabajos efectuados y líneas estratégicas del Banco de Germoplasma de Vid del Gobierno de Aragón con el fin de evitar la pérdida de variabilidad genética y conservar el patrimonio genético existente en este campo. Este banco se creó en 1990 y el número actual de accesiones distintos es de 784, mientras que el número de variedades conocidas e identificadas es de 152, y de variedades desconocidas, 67. Asimismo, Pavón ha señalado que los municipios aragoneses prospectados entre 1990 y 2019 han sido 87, de los cuales 48 de Zaragoza, 24 de Huesca y 15 de Teruel.

Isidre Font, Zaragoza.

Publicado en Enoviticultura nº 58

 

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