El mildiu ensombrece la vendimia

La casualidad ha querido que 2020, designado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como Año Internacional de la Sanidad Vegetal para intentar combatir las plagas y enfermedades derivadas del cambio climático que provocan pérdidas del 40% en los cultivos alimentarios mundiales, éstas sean protagonistas en los viñedos. El actor principal de este fenómeno está siendo el mildiu, un hongo, Plasmopara viticola, que seca la hoja y la uva en el momento de la floración. Su presencia hace que los viticultores hablen de la campaña más difícil de los últimos 30 años como consecuencia de ‘una tormenta perfecta’ en las condiciones climáticas, con lluvias abundantes en primavera y una combinación de temperaturas suaves y humedad.

El mildiu está golpeando a las principales zonas vitivinícolas españolas, especialmente en los viñedos ecológicos, con menos posibilidades de combatir el hongo por las restricciones en los tratamientos, limitados a la aplicación preventiva del cobre. El problema es que este elemento de contacto, autorizado por la Unión Europea, no penetra en la planta, así que cada vez que llueve, la planta se lava y el producto se va al suelo, y es además el único elemento válido para mantener sanos los órganos verdes de la vid frente a la enfermedad más dañina para los viñedos.

A pesar de la posibilidad que ofrecen los tratamientos de cobre, en áreas como el Penedès, la presión elevada del mildiu provoca que la afectación sea del 40% en los viñedos convencionales, alcanzando el 80% en los cultivos ecológicos. Los viticultores advierten de que la enfermedad no remitirá hasta que la viña llegue al envero, momento en que la planta pasa de la fase de crecimiento a la maduración. En ese periodo, los racimos cambian de color y se inicia la cuenta atrás de entre 45 y 50 días para la vendimia, que este año se prevé con un adelanto de algo más de una semana.

Récord de aparición del mildiu

Durante esta campaña, la irrupción del mildiu ha sido más precoz que nunca en la D.O.Ca. Rioja. Así, los primeros indicios de la espora del hongo se han detectado a principios de mayo. «Es la aparición más temprana desde que se instauraron los premios Mildiu hace 47 años». Así lo explica el ingeniero agrónomo y viticultor navarro, Julián Palacios. Impulsor de la empresa Viticultura Viva, dedicada al asesoramiento en la gestión de los viñedos, Palacios reconoce que «en 20 años como ingeniero agrónomo no he visto nada así, especialmente en la D.O.Ca. Rioja y de forma extrema en la Rioja alavesa, donde el hongo se ha agudizado por las tormentas de pedrisco». En zonas vecinas, haciendo un símil futbolístico, el viticultor asegura que «en Navarra, el mildiu ha pasado rozando el larguero».

Aunque en la Rioja Alta y en la Alavesa, Palacios define la situación como la de una campaña excepcional por las dificultades de control, sobre todo en la viticultura ecológica, precisa que «no vamos a dejar de trabajar con este sistema, el más respetuoso con el medio ambiente». El mildiu ya produjo daños en algunas fincas que perdieron la cosecha antes de que la viña floreciera, pero en estos momentos los estragos los está ocasionado en las plantas en las que el fruto ha cuajado, el denominado mildiu larvado.

Palacios comenta que en los viñedos convencionales el abanico de productos fitosanitarios para el control del mildiu es mayor, pero en los ecológicos el cobre solo permite una aplicación preventiva sin posibilidad de efectuar un tratamiento curativo. La crudeza del hongo ha provocado que, en la zona de las DD. OO. Rioja y Navarra, los viticultores hayan tenido que realizar entre 10 y 11 tratamientos contra la plaga, el doble que en una campaña normal. Gracias a estas aplicaciones y a los trabajos realizados en verde, en general la afección de mildiu se está controlando, salvo en zonas concretas con elevada humedad o afectadas por el granizo.

Recomendación de no deshojar

Las variedades de ciclo temprano, como el ‘Tempranillo’, se han visto más afectadas por el mildiu debido al estado fenológico más avanzado. Como ejemplo, Palacios indica que otras más tardías de La Rioja y Navarra, como la ‘Viura’ y el ‘Graciano’, no se han visto tan dañadas. Con las circunstancias de esta campaña, desde Viticultura Viva se ha comprobado que no deshojar la vid es uno de los métodos que mejor ha funcionado para rebajar el efecto del mildiu. «Hemos visto que el ‘Tempranillo’ en El Valle del Ebro tiene más afección de mildiu larvado cuando deshojamos la cara del sol de la mañana con uvas en tamaño guisante… parece un contrasentido que deshojar provoque más mildiu, pero es lo que vemos en estas circunstancias», indica Julián Palacios.

El viticultor navarro recuerda que enfermedades como el mildiu y el oídio, Erysiphe necator, pierden fuerza en el momento que se produce el envero. «Este año sí ha sorprendido la virulencia del hongo ‘Plasmopara viticola’ en nuestra zona, ya que no es una enfermedad endémica, al contrario que el oídio».

El mildiu ataca de forma más virulenta a las viñas ecológicas, por lo que en la comarca del Penedès, con un 40% de hectáreas bajo este sistema, las previsiones son de pérdidas cuantiosas en esta campaña. El técnico de Sanidad Vegetal del Departamento de Agricultura, Ganadería,  Pesca y Alimentación de la Generalitat de Catalunya, Joan Reyes, lo define como «un viejo conocido, que este año se ha presentado tan virulento que ha alcanzado zonas normalmente secas, como la Terra Alta, el Priorat o el Montsant».

Fuera del sistema de seguros

Reyes alude a un problema global, pero con afectaciones desiguales. En el Penedès, el área más afectada es la zona del Alto Penedès por las lluvias. «Este año, las esporas del hongo han crecido por la combinación de temperaturas suaves y precipitaciones, que se han extendido durante los meses de marzo, abril y mayo». Este fenómeno ha impedido que funcionaran las diluciones de cobre de los tratamientos aplicados por los productores. Las variedades más afectadas por Plasmopara viticola en esta zona han sido ‘Macabeo’ y ‘Tempranillo’.

Frente a los stocks acumulados de la campaña pasada, que este año se han incrementado por la pandemia de la Covid–19 por el cierre del canal de la hostelería, Joan Reyes insta a «aprovechar la situación excedentaria de algunas bodegas, que recibirán menos cosecha, para reducir las importaciones y dejar las existencias a cero para el futuro». La petición se realiza en un contexto de pérdidas acumuladas, con un 2019 que se cerró en negativo y con ingresos muy bajos. Tal como denuncia el sindicato agrario Unió de Pagesos (UP), «podemos encadenar dos años seguidos muy malos si la afectación es la esperada».

UP ha reclamado al Departamento de Agricultura, a través del grupo de trabajo que se ha creado del sector de la viña, que incluya el mildiu en las coberturas de las pólizas derivadas del cambio climático, ya que este favorece la proliferación de este hongo. En la misma línea, Joves Agricultors i Ramaders de Catalunya (JARC) denuncia que la exclusión de la plaga del sistema de seguros en Cataluña «supone un agravio comparativo respecto a otras regiones del sur de España».

Los daños del mildiu se aseguran en Andalucía, Castilla–La Mancha, Extremadura, Islas Baleares, Madrid, Murcia y Valencia. JARC considera que «el cambio climático está afectando al mediterráneo y deben modificarse las líneas y coberturas del seguro de la vid en estas nuevas circunstancias». Según la organización, la afectación acumulada en las viñas durante estos meses «acredita la necesidad de que sea también un daño asegurable en Cataluña».

Pérdidas desiguales

En un informe elaborado por el Departamento de Agricultura, que analiza la afectación entre el 30 de abril y el 6 de mayo, se apunta que en la comarca del Penedès y con más intensidad en la producción ecológica, las pérdidas se situarán sobre el 50% de la cosecha.

En Galicia, el mildiu ha estado presente en las denominaciones de origen Rías Baixas y Ribeiro. En la primera, se asegura que, aunque la afectación es importante, la merma se notará más en la cantidad que en la calidad. En las últimas semanas, el buen tiempo y la ausencia de precipitaciones han favorecido el desarrollo del viñedo. En el caso del Ribeiro, la afectación es menor y más desigual. También, se han dado focos importantes en Castilla–La Mancha.

Una de las excepciones en la afectación del mildiu es Aragón. Un ejemplo es la D.O. Calatayud, la más joven de la zona, en la que se augura un aumento de la producción del 35%. En un comunicado, la D.O. asegura que, pese a las lluvias, «buena parte del viñedo está plantado a gran altura, por lo que la temperatura baja notablemente por la noche y frena la expansión de la enfermedad».

Aunque el mildiu está siendo el protagonista de los meses previos a la vendimia, otra enfermedad fúngica también se está desarrollando durante esta campaña. En el caso del oídio, un hongo que ataca a las hojas y los tallos jóvenes, la extensión de la enfermedad no discrimina entre zonas secas y húmedas. A pesar de eso, para que un brote de oídio destruya toda una finca, los daños tienen que ser considerables. A diferencia del mildiu, este se propaga con lluvias acompañadas con temperaturas bajas.

Más allá de los problemas sanitarios, las preocupaciones de los viticultores se centran en las dificultades sobre los precios que recibirán de la uva después de haber soportado un sobrecoste de producción por los tratamientos contra las plagas y enfermedades.

Esta expansión de enfermedades, como el mildiu o el oídio, se produce en un contexto de reducción progresiva del uso del cobre para combatirlas como consecuencia de la normativa comunitaria. Hasta ahora, el cobre es el único producto eficaz para plantarle cara, ya que el mildiu se desarrolla en el interior de las hojas. De momento, la Comisión Europea ha activado una prórroga hasta el año 2026 para la utilización del cobre con la condición de que se aplique una media anual de cuatro kilos por hectárea, no pudiendo sobrepasar los 28 kg en 7 años. Estas cantidades ser claramente insuficientes para zonas afectadas por el mildiu, como el Penedès o La Rioja.

Con estos condicionantes, se pone en peligro la viabilidad del sistema ecológico, ya que producir este tipo de vino sin la ayuda del cobre es prácticamente imposible y no existen alternativas. La ley europea le otorga seis años de vida, pero la verdadera preocupación es que, si desaparece, a día de hoy no existe una alternativa eficaz a los efectos de la sustancia sobre las enfermedades.

David Rodríguez, Barcelona.

Publicado en Enoviticultura nº65

 

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