El txakoli vizcaíno se diversifica: joven, con crianza, blanco, tinto, espumoso…

La Denominación de Origen Bizkaiko Txakolina–Txakoli de Bizkaia agrupa 39 bodegas

Vino blanco joven afrutado y mucho más. Las bodegas de la Denominación de Origen (D.O.) Bizkaiko Txakolina–Txakoli de Bizkaia están diversificando sus vinos y creciendo en crianzas, en tintos y también en espumosos. Además de las uvas blancas ‘Hondarrabi Zuri’ y ‘Hondarrabi Zuri Zerrate’ y la tinta ‘Hondarrabi Beltza’, la autorización, con limitaciones, de ‘Mune Mahatsa’, ‘Izkiriota’, ‘Izkiriota Ttippia’, ‘Sauvignon Blanc’, ‘Riesling’ y ‘Chardonnay’ están ampliando las cartas de sus bodegas y los países a los que exportan.

«Nuestro producto es vino joven pero se están haciendo ya muchas cositas. El consejo autorizó investigación con ‘Pinor Noir’, alguna bodega trabaja con ‘Syrah’. Hay fermentaciones en barrica, se hacen vinos con lías, hay algo de espumoso. La gente se inquieta y quiere ver nuevas posibilidades», explica el presidente del consejo regulador, José Luis Gómez Querejeta.

Elizalde

Elizalde es el nombre del caserío de Elorrio del barrio Mendraka, que da nombre al txakoli de Gómez Querejeta. También elabora tinto, está apostando por la variedad ‘Pinor Noir’ y trabaja con clones de ‘Hondarrabi Beltza’ facilitados por la Diputación de Bizkaia, y este año va a empezar el txakoli con lías. Su bodega es pequeña, cultiva siete hectáreas y media y exporta. «Mandamos txakoli a los países nórdicos como Suecia, Noruega, ahora hemos empezado con Asia. Estamos en Kazajistán, EE. UU. y Brasil, cocineros del restaurante Lasai de Río Janeiro que habían trabajado en Euskadi ahora nos piden nuestro txakoli», comenta.

Bodegas Itsasmendi

El año en el que se creó la denominación nació también Bodegas Itsasmendi. Su director técnico, Garikoitz Ríos, cuenta que como ingeniero agrónomo tuvo la fortuna de trabajar en la selección masal de la ‘Hondarrabi Zuri’ para la Diputación Foral de Bizkaia, por Bizkaia y Gipuzkoa, y que le cogió el gusto a recuperar el viñedo. Dice que cuando empezó toda la bibliografía hablaba de Bizkaia como un territorio pequeño, con características de los suelos muy poco apropiadas para el viñedo y que después de muchos estudios con la universidad y centros tecnológicos, como Neiker, se ha hecho una buena identificación de la diversidad geológica y microclimática, que es muy grande y que permite construir un discurso de vinos de calidad «potente».

«Elaboro todas las hectáreas por separado, tengo cuarenta hectáreas en 15 parcelas, en nueve municipios distintos. Estoy vendimiando casi treinta días la misma variedad de uva. La diversidad en cada viñedo es muy grande y eso me ha permitido elaborar txakolis distintos. Tenemos 65 depósitos. El aprendizaje ha sido brutal», relata.

Convencido de que las filosofías no son patrimonio de ningún modelo vitivinícola empieza a trabajar la producción ecológica y biodinámica, sin etiquetas, buscando sustitutivos de herbicidas y trabajando en el desarrollo de identificación de microorganismos de los viñedos para relacionarlos con las levaduras autóctonas.

En 25 años, Itsasmendi ha levantado su tercera bodega. En Muskiz, la primera, Garikoitz Ríos fue agrupando gente del entorno del caserío vizcaíno para el proyecto. En 2001 se trasladaron a un polígono industrial en Gernika y el año pasado acabó sus nuevas instalaciones en la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, sobre las que pueden verse volar águilas, cerca de un bosque de robles y de encinas.

Elabora vino joven, fresco, informal, atlántico, un poco de aperitivo. Su buque insignia es sobre lías, el Itsasmendi 7, con una gran capacidad de guarda y que no todos los años se elabora, y se ha lanzado a hacer maceración carbónica en blanco con levaduras autóctonas. También está desarrollando un proyecto de vinos parcelarios. «Empezamos en el 2016 –afirma– y este año le damos una vuelta de tuerca a los parcelarios en presentación y elaboración. En la nueva bodega tenemos un espacio I+D en el que trabajamos con tinajas, barricas, huevos de hormigón, distintos elementos para poder hacer crianzas en base a la tipología de uva, que nos va a permitir dar un salto en parcelarios».

Hace una vendimia tardía, desde 2001, algo innovador entonces. Entre otros vinos elabora Eklipse, un tinto con ‘Pinor noir’ y ‘Hondarrabi Beltza’, y Artiza, un txakoli del que Ríos dice: «da rienda suelta a la creencia de que esta zona tiene un potencial grande y que elaboramos según la uva que seleccionamos en base a criterios subjetivos, es un vino de estilo libre». Además, la bodega comercializa a través de una distribuidora propia también con vinos de su misma filosofía de otras zonas de España y Europa. Sus principales mercados fuera están en Japón, EE. UU., Alemania, Holanda y Dinamarca, principalmente. En pequeñas cantidades ha llegado a vender en 17 países.

Doniene Gorrondona

Bizkaiko Txakolina cuenta con 39 bodegas, unas con tradición familiar y otras creadas desde cero, como Doniene Gorrondona, de Bakio (Bizkaia), a medio kilómetro de la playa. Sus viñas, 15 hectáreas, están repartidas en varias fincas. «El valle es una cubeta orientada hacia el norte, el mar le entra por el norte y los montes del noroeste hacen que los vientos queden frenados, es un valle cálido dentro del clima oceánico. Tenemos un ciclo muy largo, nuestras uvas tienen una fase de maduración larga», explica Itziar Insausti, copropietaria de la bodega.

Produce entre 100.000 y 110.000 botellas al año, con variaciones anuales de cerca del 30% en función del clima, y siete vinos diferentes. El Gorrondona blanco, de entrada de gama, es el ensamblaje de todas sus viñas y uva de algún viticultor de la zona y su monovarietal de ‘Hondarrabi Zuri’, es Doniene. Su parcelario con vocación de joven, Iri, fermenta en barricas con propósito de guarda y evolución en botella, y Beltza es su tinto.

Celebró su veinte aniversario con la primera añada de XX, un vino de crianza en barrica, y elabora también Apardune, que significa espumoso en euskera, con el método champenoise a base de uvas ‘Hondarribi Zuri’ y ‘Mune Mahatsa’.

Doniene Gorrondona siempre ha tenido vocación exportadora. «Como hacíamos vinos diferentes empezamos a salir fuera. Ya antes de la pandemia exportábamos un 11% y a partir de este año será un poco más porque los mercados locales están resentidos. EE. UU. es el mercado más importante. Canadá empieza a serlo. Reino Unido también a pesar del Brexit y los países del norte, Suecia, Noruega o Dinamarca y algún país más lejano como Japón y Australia», apunta Itziar Insausti.

Zabala Txakolina

Zabala Txakolina es una bodega de larga tradición. La cuarta generación comenzó en el caserío familiar de Bakio y se trasladó hace unos años del barrio Elexalde al barrio Goitisolo, donde sus visitas guiadas tienen cada vez más demanda. Su responsable, Iratxe Eguskizaga, comenta que, en esas visitas, turistas y vecinos siguen sorprendiéndose con el txakoli tinto y con algunas marcas.

Su viticultura es de producción integrada y tiene un proyecto para hacer, con una uva experimental, vino ecológico. De la última campaña, de cosecha escasa, han salido 20.000 botellas. El apellido de la familia, Zabala es la marca del blanco, tinto y rosado de año. Su crianza sobre lías es Gaztelugatxe.

Hasiberriak Wines

Hasiberriak Wines es una de las nuevas bodegas más jóvenes. Entusiasmado por la viticultura, Arkaitz Gabantxo contagió su proyecto a Dabit Zabala, hijo de un elaborador de txakoli en Mendata (Bizkaia). La bodega, en Ibarrangelua, está al lado de un hotel, en un garaje. Gabantxo se ocupa de la viña y Zabala de la bodega. Producen entre 10.000 y 11.000 botellas. Con su vino joven Menpe, homenajean al padre de Dabit, ya que era su apodo. Con tinaja de barro hacen su Nekasari, y con lías Baserritar. Este año han llegado sus primeras botellas a Japón, y empiezan a trabajar la exportación a EE. UU.

Un 70% de su uva es ‘Hondarrabi Zuri’, un 25% ‘Hondarrabi Zuri Zerratia’ y un 5% un pupurri de ‘Chardonnay’, ‘Riesling’, ‘Sauvignon’, y siguen plantando, ahora ‘Hondarrabi Beltza’ y ‘Gros Manseng’.

«Comenzamos con una producción tradicional y desde junio del 2020 no usamos fitosanitarios, las dos viñas están certificadas en producción integrada y estamos haciendo el cambio a la agricultura ecológica por interés cultural y personal nuestro; aunque no nos interesa la certificación, también trabajamos en producción biodinámica», explica Gabantxo.

Señala también que sus vinos Nekazari, Arotz y Baserritar «se trabajan con levaduras indígenas y lo más natural posible, sin estabilizaciones y con un filtrado muy suave. Todas las actuaciones en bodega las realizamos siguiendo el calendario lunar».

Han empezado a trabajar el espumoso. «Llevamos 2 años elaborándolo, pero todavía no ha salido ninguna añada al mercado, es totalmente manual y con el método ancestral», concluye.

Restaurante Artebakarra

El txakoli es también gastronomía. El Restaurante Artebakarra, de Derio a 10 minutos de Bilbao, ofrece txakoli de las uvas que crecen detrás. «En la viña empezó todo. La plantó mi abuelo y comenzaron a hacer txakoli. Mi abuelo contaba que hubo tanta producción de vino que hubo que empezar a venderlo y este es el origen del restaurante», cuenta el sumiller Koldo Beaskoetxea.

Garena Jatetxea

Otros restaurantes también hacen de su vino un reclamo. En Dima (Bizkaia) acaba de abrir Garena Jatetxea. El aizkolari Aitzol Atutxa, es uno de los socios. «Nuestro proyecto –afirma– está en un caserío, queríamos darle utilidad a los terrenos y surgió la idea de poner una viña y es lo que hicimos. Garena Jatetxea lleva abierto un año, lo abrimos 20 días antes de que se cerrara la restauración por la Covid–19. Coordinamos las labores de campo nosotros y una bodega nos elabora el vino».

Según los datos del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Bizkaiko Txakolina–Txakoli de Bizkaia, la cosecha de 2020 alcanzó 1.557.344 litros, lo que supone un incremento de un 2,16% respecto al ejercicio anterior y deja al conjunto de la D.O. por debajo del récord establecido en 2016. En estos dos últimos años el rendimiento medio en las parcelas que están en producción ha sido de unos 6.000 kilos de uva por hectárea, lo que para el Consejo Regulador «demuestra la apuesta de los productores inscritos por elaborar vinos de calidad». —

Rosa Matas, Bilbao.

Publicado en Enoviticultura nº69

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