Residuos

Obtener prebioticos que mejoren la flora intestinal a partir de restos de manzana y naranja de la industria de los zumos es el objetivo de una investigación conjunta de la Universidad de Lleida (UdL), Agrotecnio y la multinacional suiza Nestlé.

El personal investigador ha probado el potencial de tres técnicas –homogeneización a alta presión, hidrólisis enzimática y ultrasonidos– para conseguir a partir de la pectina la máxima concentración de oligosacáridos, unos azúcares que alimentan las bacterias beneficiosas del intestino; y, a partir de la celulosa, otro azúcar libre de alérgenos llamado celobiosa. Estos subproductos, una vez tratados, «podrían añadirse a una amplia gama de productos como zumos, yogures, pan o salsas, entre otros». Los primeros resultados han sido publicados en las revistas Food Chemistry y LWT Food Science and Technology.

El objetivo fundamental de estos estudios es utilizar la biotecnología (enzimas) y las  tecnologías físicas avanzadas de procesamiento (homogeneización a alta presión y ultrasonidos) para convertir residuos de la transformación de la fruta en «ingredientes alimentarios de alto valor añadido con propiedades prebióticas, tecno–funcionales (como la retención de agua o de aceite) y antioxidantes mejorados», ha explicado el catedrático de Tecnología de Alimentos e investigador del grupo de Investigación en Tecnologías Innovadoras para la Obtención de Ingredientes y Productos Alimentarios de la UdL y del grupo en Nuevas Tecnologías de Procesamiento de Alimentos de Agrotecnio, Pedro Elez.

Para añadir que «podría ser una alternativa más natural a los aditivos artificiales o de síntesis química en la formulación de alimentos. Además, estas tecnologías pueden contribuir a impulsar y desarrollar la bioeconomía circular».
 

Beneficios para la salud

El equipo investigador ha trabajado con bagazo (residuos del prensado) de manzana y de naranja, así como con piel de esta última fruta. Los resultados demuestran que estos residuos tienen un «alto potencial para añadir beneficios para la salud a un producto alimentario debido a su alto contenido de fibra dietética y compuestos bioactivos».

La hidrólisis con las enzimas celulasa y pectinasa para romper los enlaces químicos de los subproductos frutales es una herramienta eficiente para alta presión.

Los trabajos también han demostrado que «los ultrasonidos previos mejoran la solubilización de los oligosacáridos de pectina y aumentan el contenido fenólico total (con propiedades antioxidantes) en el bagazo de naranja, mejorando al mismo tiempo la capacidad de aumento de las proporciones de fibra dietética soluble de los residuos de manzana y naranja mediante la liberación de compuestos prebióticos». «Es una herramienta eficiente para modular sus características estructurales, es decir, una mayor solubilidad y concentración de oligosacáridos, y así permitir su utilización», ha subrayado Elez.

En las conclusiones de los estudios realizados se recoge que el bagazo de manzana hidrolizado y la piel de naranja procesados con estas tecnologías «muestran un alto potencial para añadir beneficios para la salud a un producto alimentario debido a su alto contenido en fibra dietética y compuestos bioactivos, ya que podrían favorecer la diversidad y la composición dinámica de la microbiota». Asimismo, «el aumento de las cantidades de oligosacáridos y la mejora de la capacidad de adsorción de ácidos biliares podrían implicar un potencial efecto prebiótico y reductor del colesterol en los ingredientes tratados enzimáticamente, algo que merece más investigación».

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Científicos del departamento de Tecnologías del Medio Ambiente de la Universidad de Cádiz, en colaboración con la Universidad de Castilla–La Mancha, han convertido residuos orgánicos en energía limpia y compuestos útiles para la industria. En concreto, han combinado los lodos que se obtienen al tratar las aguas residuales con las vinazas resultantes de la destilación del vino para generar hidrógeno renovable, con un posible uso en pilas de combustible para producir electricidad o inyectado en redes de gas, y ácidos grasos volátiles, que pueden servir como materia prima en industrias químicas, cosméticas y agroalimentarias.

La novedad del trabajo radica «en el uso de ozono como pretratamiento antes de someter los desechos a fermentación oscura, una modalidad de digestión anaerobia, como se conoce al proceso biológico en el que ciertas bacterias descomponen la materia orgánica sin presencia de luz ni oxígeno». El estudio demuestra que, «al aplicar este gas a los lodos antes de mezclarlos con las vinazas, aumenta significativamente la producción de hidrógeno limpio».

Con este proyecto se promueve además la economía circular, dando uso a residuos que se producen en un entorno próximo, lodos de la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR) Guadalete y desechos del vino de la bodega González Byass, ambos en Jerez de la Frontera. «Habitualmente las vinazas se envían a la EDAR, donde se tratan junto con las aguas residuales, pero en este trabajo se hace una gestión alternativa que las revaloriza a través de los nuevos subproductos resultantes», ha señalado a la Fundación Descubre, José Luis García, investigador de la Universidad de Cádiz y responsable del estudio.
 

Ozonización

La aplicación de ozono en el tratamiento de residuos había arrojado resultados positivos en experiencias previas, como la desarrollada por miembros del equipo investigador con lodos de depuradora y restos de aceituna de mesa. «La ozonización se podría comparar a inyectar burbujas de oxígeno en un acuario. Este gas rompe las moléculas grandes de los desechos orgánicos para generar fracciones más pequeñas y solubles, facilitando la labor de las bacterias durante la fermentación oscura», ha apuntado García.

Los científicos probaron diversas variantes para mejorar el rendimiento del proceso. «Evaluamos la posibilidad de tratar ambas matrices en conjunto o por separado, y concluimos que el escenario más favorable era hacerlo con la dosis de ozono que se optimizó para el lodo y mezclarlo después con las vinazas», ha comentado María Eugenia Ibáñez, investigadora de la Universidad de Cádiz y coautora del estudio.

Los resultados, detallados en el trabajo ‘Enhancing dark fermentative biohydrogen and VFA production via ozone pre–treatment’, publicado en la revista Bioresource Technology, revelaron que «en el caso de los lodos, una dosis específica de ozono (0,018 g por gramo de sólido) optimizó significativamente la producción de hidrógeno verde y ácidos grasos volátiles». En cambio, «para las vinazas resultó contraproducente la oxidación excesiva».
 

Transformar biomasa en energía renovable

Los expertos comparan este trabajo con el de una biorrefinería, porque ambos tienen como objetivo transformar biomasa, es decir, residuos orgánicos, en energía renovable y compuestos químicos de valor añadido. «Al igual que en una refinería de petróleo, intentamos obtener combustible, en nuestro caso el biohidrógeno, pero también subproductos valiosos, los ácidos grasos volátiles, susceptibles de utilizarse en otros procesos industriales», ha indicado García.

Las aplicaciones derivadas de este estudio son diversas. Por un lado, como fuente de energía limpia, pues el hidrógeno se podrá inyectar en las redes de distribución de gas natural adaptadas, en otras específicas para su suministro o ser usado en pilas de combustible para generar electricidad. Por otro, como reactivo en procesos industriales, especialmente en refinamiento petroquímico. En cuanto a los ácidos grasos, estos son aptos como materia prima para la obtención de bioplásticos, en la industria cosmética o para la elaboración de aditivos alimentarios y productos químicos especializados.

Este trabajo se enmarca en el proyecto ‘Integración de la biorrefinería anaerobia en el tratamiento de co–digestión de biosólidos y residuos agroalimentarios’, financiado por la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía y fondos FEDER.

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Autores:

A.B. Simón–Egea1, M.S. Andrades1,E. Herrero–Hernández2, M.S. Rodriguez–Cruz2,M.J. Sánchez–Martín2

(1) Universidad de La Rioja, Logroño (La Rioja).
(2) Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Salamanca (IRNASA–CSIC), Salamanca.

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Los disolventes renovables derivan de la biomasa y se consideran una alternativa sostenible a los de origen petroquímico convencionales. Los renovables se producen a partir de cultivos energéticos, productos forestales, biomasa acuática y materiales de desecho, entre otros, y presentan una menor toxicidad, mayor biodegradabilidad y gran potencial para ser empleados en procesos de extracción de compuestos de interés. 

Un estudio, publicado recientemente en la revista Chemical Engineering and Processing–Process Intensification, realizado por la investigadora Raquel Cañadas y los profesores María González Miquel y Emilio J. González, del Departamento de Ingeniería Química Industrial y del Medio Ambiente de la Universidad Politécnica de Madrid (UPM), ha explorado el empleo de disolventes renovables combinados con ultrasonidos para la revalorización sostenible de residuos de uva blanca mediante la recuperación selectiva de antioxidantes naturales. Los resultados obtenidos confirman que esta técnica es capaz de transformar los desechos de la industria vitivinícola en productos valiosos, «promoviendo así la valorización sostenible de la biomasa residual, lo que constituye un claro ejemplo de bioeconomía circular».

El trabajo destaca el uso de dos disolventes renovables –el bioetanol y el éter 2-metiltetrahidrofurano– para extraer polifenoles de residuos de uva, con resultados optimizados mediante el ajuste de parámetros como el tiempo, la temperatura y el caudal de disolvente. Los extractos obtenidos se analizaron con cromatografía líquida de alta resolución revelando perfiles fenólicos específicos ricos en compuestos antioxidantes como el ácido gálico y la catequina. Una contribución destacada del estudio fue el reciclado del disolvente de extracción, fundamental para la viabilidad económica del proceso, y la recuperación de los antioxidantes para posibles aplicaciones en la industria alimentaria, farmacéutica o de química fina. Además, se implementaron tecnologías verdes avanzadas, como la extracción asistida por ultrasonidos, fomentando la intensificación del proceso, mejorando su eficiencia y reduciendo tanto el tiempo como el consumo energético.

Para María González Miquel «los resultados de nuestro trabajo demuestran que esta nueva técnica no solo convierte los desechos de la industria vitivinícola en productos valiosos, sino que también sirve como ejemplo de bioeconomía circular, promoviendo la valorización sostenible de la biomasa residual». Este avance, prosigue la investigadora, «contribuye de manera significativa a implementar prácticas más respetuosas con el medio ambiente en la industria del vino, alineándose con las demandas actuales de la sociedad».

Este estudio ha recibido apoyo financiero de la Comunidad Autónoma de Madrid a través del ‘Programa de Excelencia para el Profesorado Universitario’. Además, los autores agradecen el respaldo adicional del citado organismo a través del proyecto SUSTEC P2018/EMT–4348.

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Ante la reciente detección de una partida de pomelos ecológicos procedentes de Sudáfrica con residuos de una materia activa que se encuentra prohibida desde 2018 en la Unión Europea (UE) por su peligrosidad, la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA–ASAJA) ha reclamado a la Comisión Europea que «lleve a cabo un mayor control en la entrada y el etiquetado de los productos foráneos certificados en ecológico que se envían a Europa».

La interceptación fue notificada por las autoridades de los Países Bajos a través del Sistema de Alerta Rápida para Alimentos y Piensos (RASFF) y la muestra del producto analizada en laboratorio constató una proporción de Glufosinato de 0,39–0,51 miligramos/kilo (ppm), cuando su Límite Máximo de Residuos (LMR) permitido está fijado en 0,05 mg/kg. El Glufosinato «constituye una sustancia activa empleada como herbicida que la UE prohibió su uso a los agricultores europeos hace más de 5 años».

AVA–ASAJA ha lamentado que un producto que debe recorrer más de 13.000 kilómetros «sea calificado como ecológico, ya que en su tránsito en barco ya ha emitido una gran cantidad de gases contaminantes a la atmósfera, pero alarma aún más que un producto que se importa como ecológico contenga un nivel tan elevado de residuos de un herbicida, cuyo uso está prohibido en Europa, por su toxicidad».

Por su parte, el presidente de esta organización, Cristóbal Aguado, ha denunciado «la constante permisividad y la hipocresía de Europa ante los productos que vienen de fuera, así como la falta de reciprocidad en las exigencias fitosanitarias que provocan que nuestros agricultores se vean obligados a abandonar sus explotaciones, pero lo que es más grave, entrañan un riesgo para la salud de la población y son un fraude para los consumidores europeos, al portar residuos que son nocivos».

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La federación española de envases de madera y sus componentes, FEDEMCO, y la asociación interprofesional de la fresa andaluza, Interfresa, han suscrito un nuevo convenio de colaboración. El acuerdo nace de la necesidad de realizar un trabajo conjunto para cumplir con las nuevas normativas nacionales y europeas sobre el envasado y la gestión de residuos.

«El Reglamento Europeo de Envases y Residuos de Envases hace ahora más importante que nunca el ir de la mano de los productores hortofrutícolas. El sector onubense de frutos rojos es de gran importancia para los envases de madera españoles y por eso queremos estar a su lado en esta transición hacia un modelo económico más sostenible. Además, como ya han expresado desde Interfresa, es vital para nuestros sectores que la información que se brinde sea rigurosa y esté basada en un conocimiento técnico de la producción: del producto y del envase», ha puntualizado Emilio Laguna, miembro del comité directivo de FEDEMCO.

«La renovación del convenio supone un avance más en el objetivo del sector de los frutos rojos de Huelva de trabajar por la sostenibilidad y las buenas prácticas comerciales. La madera es una materia prima esencial en el envasado de nuestros productos. Debemos tener todas las garantías de que esos envases, carta de presentación de nuestras frutas en los mercados, se producen bajo los estándares de sostenibilidad más estrictos y por supuesto, que se siguen las normas de etiquetado para que la información sea veraz y accesible a los consumidores», ha valorado José Luis García-Palacios, presidente de Interfresa.

El convenio oficializado en Huelva, contempla la organización de formaciones en materia de envasado, la promoción de buenas prácticas sectoriales, la lucha contra el intrusismo en prácticas comerciales, así como contra la competencia desleal en sus respectivas áreas. Garantizar un modelo de economía circular, que asegure la reciclabilidad de los envases puestos en el mercado, es el objetivo final.

En cuanto a la fabricación y confección de envases de madera con fines comerciales, ambas organizaciones garantizarán el cumplimiento de las exigencias en materia de sanidad alimentaria. «Es esencial que los envases cuenten con el correspondiente registro sanitario, las fichas técnicas del producto envasado, certificado GROW y NIMF-15, así como la correspondiente trazabilidad del producto», ha manifestado Laguna. Para añadir que «en FEDEMCO acompañamos a nuestros clientes para facilitarles el cumplimiento de la nueva legislación. Por eso, hemos desarrollado una certificación propia, ECOWOOX. La certificación que requerían los envases de madera es garantía de reciclabilidad y, con ella, nuestros clientes alcanzarán el índice de reciclabilidad exigido en la ley europea».

https://fedemco.com/

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Un equipo de investigación agronómica formado por Maria Teresa Martínez–Ferrer, Miquel Fibla y José Miguel Campos (IRTA–Amposta) y Santiago Planas (Centro de Investigación Agroalimentaria Agrotecnio) ha hecho públicos los resultados del ensayo ‘Dosis y deriva en citricultura’ sobre el uso sostenible de los fitosanitarios, el cual ha contado con el apoyo del Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural.

Los ensayos, realizados en plantaciones de mandarina ‘Clemenules’ en Tarragona, demuestran cómo el Futur Smartomizer H3O de Fede consigue un ahorro del 22% de producto fitosanitario aplicado, manteniendo la eficacia de los tratamientos contra pulgón, araña roja y piojo rojo de California. A su vez, constatan que esta máquina realiza una distribución homogénea de la aplicación. Esta precisión, así como la correcta elección y calibración de las boquillas, «permite reducir las pérdidas en aire y suelo hasta en un 62%». Además, «genera un 71% más de aire con un 43% más de velocidad que el equipo convencional de referencia».

El ahorro del 22% en el uso de pesticidas y la reducción de pérdidas de pulverización hasta en un 62% «se traducen en una importante reducción del impacto medioambiental de los tratamientos fitosanitarios en cítricos, así como en significativos beneficios agronómicos y mayor rentabilidad para los agricultores».

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El ministerio trabaja en la elaboración de una hoja de ruta de los fertilizantes con medidas que tienen como objetivo asegurar el abastecimiento y reducir la dependencia energética en su fabricación

 

El ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, ha apostado por el desarrollo de los fertilizantes orgánicos y encontrar una segunda vida a residuos de la industria alimentaria, como lodos de depuración, estiércoles y purines. En este caso, según el ministro, «la economía circular permite hallar fuentes alternativas de abastecimiento al tiempo que se reduce la dependencia del gas y la huella de carbono del sector de los fertilizantes».

Asimismo, «tenemos que convertir en una oportunidad la transformación de residuos», sobre todo, en el contexto actual en el que los precios de los fertilizantes nitrogenados en la Unión Europea (UE) han subido un 149 % en un año, ha manifestado Planas en la inauguración del I Encuentro Internacional ‘Renowagro’–Recursos orgánicos para la sostenibilidad del sector agroalimentario–, celebrado recientemente en Zaragoza, organizado por el grupo Térvalis.

Rusia, tras la invasión de Ucrania, utiliza los recursos energéticos y las materias primas como arma de guerra que está provocando un incremento de los costes de producción de fertilizantes como consecuencia, sobre todo, del alza de los precios del gas. Los fertilizantes «son además uno de los principales insumos, necesarios, de la agricultura y, en el caso de los nitrogenados de síntesis, que dependen del gas, su precio se ha disparado».

Para asegurar tanto la disponibilidad de esta materia prima, así como su asequibilidad, la Comisión Europea ha presentado una comunicación «en la que se plantean medidas de apoyo financiero, como la posibilidad de hacer uso de la reserva de crisis, mejorar la transparencia del mercado y medidas para optimizar el uso de fertilizantes». Igualmente, «se plantean medidas para evitar restricciones en el comercio internacional de los fertilizantes y optimizar el uso de los fertilizantes con prácticas agrícolas sostenibles».

Por todo ello, la actual crisis ha llevado a centrar más las acciones de los gobiernos a la parte productiva para asegurar el abastecimiento de alimentos a precios razonables, pero esta coyuntura no debe hacer que se pierdan de vista los objetivos ambientales, entre ellos la protección de los suelos agrícolas, ha advertido el ministro, que ha señalado que «un suelo sano es más productivo y supone un menor coste, tanto económico como ambiental».

Planas ha subrayado en su intervención que para aprovechar los subproductos en todo su potencial «se requiere conocimiento, investigación y tecnología, que permitirán además convertir lo que hoy es un problema en oportunidad». Para que esos procesos sean eficientes, viables y se garantice la seguridad alimentaria, se requiere innovación, inversiones y asesoramiento para aplicar las mejores técnicas, ha asegurado el titular de Agricultura.

En línea con la visión europea marcada en la reciente comunicación de la Comisión, Planas ha explicado que el ministerio trabaja en la elaboración de una hoja de ruta de los fertilizantes que se presentará antes de final de año y que recogerá medidas que tienen dos objetivos primordiales, asegurar el abastecimiento de estos productos a corto y medio plazo, y reducir la dependencia energética y de materias primas en su fabricación.  La disponibilidad de fertilizantes en cantidad suficiente y a precio razonable es un asunto que afecta a todos y que requiere una respuesta urgente y decidida a escala europea, ha concluido el ministro.

El director de I+D+i de Fertinagro Biotech, Sergio Atarés, ha comentado que «en EE. UU. se tardaron 60 años en sustituir los mulos por tractores», que ha recordado que los retos que tiene que afrontar la agroalimentación tienen como plazo 2030, fecha para la que se habrá tenido que descarbonizar el 55 % de la producción y reducir un 30 % el uso de nitratos.

«Las soluciones están, lo que hay que ganar es escala y aplicarlas en el territorio», ha añadido.

Por su parte, Aragón consciente de su relevancia agro-ganadera, así como de su carácter estratégico agroalimentario, quiere asumir el liderazgo que exige impulsar la urgente y profunda revisión del modelo vigente de producción de nutrientes y su aplicación al suelo y a los cultivos, una vez constatada la insostenibilidad socioeconómica y ambiental de los modelos vigentes. El presidente de Aragón, Javier Lambán, considera la necesidad de «rematar» su tarea de pedagogía, introduciendo en el mundo agrario nuevas fórmulas de entendimiento, «haciéndoles ver que son complementarios y sus propósitos, ajustables en beneficio propio».

‘Renowagro’ ha nacido con el objetivo de «exponer por parte de todos los agentes implicados en el sector agroalimentario los retos y oportunidades al que se enfrenta este sector en el marco de la era de la sostenibilidad, y como la visión de la bioeconomía circular en la gestión de los recursos orgánicos puede permitir conseguir una mayor rentabilidad económica, ambiental y social para el sector y la economía en general».

Dentro del amplio panel de especialistas, que han participado han aportado su visión sobre la sostenibilidad en el sector agroalimentario, Roberto García, director de Desarrollo Sostenible de Cajamar, y Manuel Láinez, director de la consultoría estratégica Láinez Biotrends y colaborador de Cajamar. Ambos participaron en un coloquio titulado ‘Bioeconomía circular: una contribución a la sostenibilidad’, junto a Gregorio Antolín Giraldo, director de División Agroalimentación y Procesos Sostenibles del centro tecnológico CARTIF – Valladolid.

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Un equipo de investigación del Instituto de la Grasa (CSIC) ha aplicado bacterias que consumen residuos de fresa para obtener biogás. Esta biomasa procede de la fabricación de productos como mermelada, yogures y saborizantes; para elaborarlos a la fruta se le retira el zumo con coladores industriales y el residuo restante de ese proceso suele terminar en los vertederos.

Para aprovechar este desecho, los expertos emplean una técnica biológica, más barata, rápida y alternativa a la gestión de residuos tradicional. De este modo, también obtienen «otros bioproductos como el ácido acético, que sirve para síntesis de productos químicos como los plásticos, y biofertilizantes para cultivos agrícolas». Así, los investigadores del grupo Bioprocesos Aplicados a la Economía Circular han contribuido «a la economía circular, es decir, al reciclaje de un desecho que normalmente no se recicla para convertirlo en recursos útiles».

En el artículo ‘Enhancing the recovery of volatile fatty acids from strawberry extrudate through anaerobic fermentation at different pH values’ publicado en Environmental Technology & Innovation, los investigadores explican que añadieron este residuo de fresa a tres reactores, que son tanques de cristal con una capacidad de unos 2 litros. En todos ellos, «se mantuvo una temperatura de 35ºC y se introdujo un cultivo mixto de bacterias anaerobias, que son aquellas que consumen materia orgánica y la degradan en ausencia de oxígeno para obtener bioproductos como el metano. Este proceso se denomina digestión anaerobia».

Cada reactor poseía unas condiciones de pH diferentes, esto es, el grado de acidez en una escala de 0 a 14 de una sustancia acuosa, siendo el 0 la más ácida, el 7 neutra y el 14 la más alcalina. Por ejemplo, «normalmente los jugos gástricos humanos poseen un pH entre 1 y 3, mientras que el agua tiene aproximadamente un pH 7 y el amoníaco, de 12».

En el primer reactor, las bacterias anaerobias consumieron el residuo de fresa en condiciones con un pH 5 durante 32 días. De éste, se extrajo hasta un 42% de ácido propiónico de la materia orgánica (el residuo de fresa), una media cucharada de este líquido al día. Éste podría emplearse como herbicida y fragancia de diferentes productos químicos.

En el segundo, con pH 7, las bacterias consumieron el residuo de fresa en menos de 2 días y transformaron el 70% de este en metano. «Esto es, unos 340 mililitros de metano por cada gramo de materia orgánica, el equivalente a media botella pequeña de agua al día. El biocombustible producido puede transformarse en energía que beneficie a empresas del sector agroalimentario», ha indicado el investigador del Instituto de la Grasa, Juan Cubero Cardoso.

Por último, en el tercer reactor, con un pH 9, los microorganismos digirieron el jugo de fresa y produjeron hasta un 50% de ácido acético en 32 días. Este bioproducto se puede emplear para sintetizar bioplásticos mediante otros procesos biológicos.

Los investigadores indican que materia orgánica sobrante de los tres tratamientos podría emplearse como biofertilizante para la industria agroalimentaria. De esta manera, harían un uso integral de la biomasa de fresa. «Con esta investigación, contribuimos para aprovechar al máximo residuos que suelen desecharse y vamos seguimos la línea que marcan los Objetivos de Desarrollo Sostenible», ha declarado Cardoso. Por ello, los investigadores revalorizan un residuo alimentario cuya producción media en Andalucía en 2020 supuso el 97% del total en España, según datos del Observatorio de Precios y Mercados de la Junta de Andalucía.

Actualmente, centran su labor en diseñar técnicas químicas y procesos biológicos que faciliten la labor de las bacterias anaerobias. Así, podrían degradar más rápido la materia orgánica de distintos tipos de residuos procedentes de la industria agroalimentaria. Este trabajo ha sido financiado por el Ministerio de Ciencia e Innovación (proyecto PID2020–116698RB).

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El Consejo de Ministros, a propuesta del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) y el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), ha aprobado la actualización del Real decreto sobre contaminación producida por nitratos, una norma considerada como clave para reducir los problemas de este tipo de contaminación en las masas de agua y alcanzar los objetivos ambientales señalados tanto por la legislación nacional, fijados a través de los planes de cuenca, como por la Unión Europea (UE).

Según el MITECO esta nueva norma «modifica y renueva la transposición a la legislación española de la Directiva europea relativa a la protección de las aguas contra la contaminación producida por los nitratos procedentes de fuentes agrarias, que fue aprobada inicialmente hace ya más de 25 años». La citada directiva impone a los Estados miembros la obligación de identificar las aguas afectadas por este tipo de contaminación, vigilando la concentración de nitratos a través de estaciones de muestreo. También «establece criterios para designar como zonas vulnerables las superficies cuyo drenaje dé lugar a la contaminación por nitratos y para poner en funcionamiento programas de actuación coordinados con las actividades agrarias».

El MITECO ha reiterado que a pesar de los esfuerzos realizados en estos años, «los resultados obtenidos no han conseguido paliar los efectos de este tipo de contaminación».

El alto contenido en nitratos de ríos y acuíferos es uno de los principales problemas existentes en las masas de agua de todo el país. En concreto, afecta en el Estado español a un 22% de las masas de agua superficial y al 23% de las masas de agua subterráneas. Por ello, «es preciso aumentar la ambición en la normativa y redoblar los esfuerzos para cumplir de forma eficaz con los compromisos nacionales e internacionales».

 

Principales novedades
La actualización del Real decreto establece criterios más ambiciosos que los actuales para identificar mejor las aguas afectadas por nitratos y determina umbrales más exigentes para la declaración de aguas afectadas y, consecuentemente, para la designación de zonas vulnerables. Por ello, también se estudiarán las presiones agropecuarias, urbanas y otras que puedan considerarse significativas, así como los impactos registrados sobre las aguas.

Estos criterios se alinean con los contemplados en la Directiva Marco del Agua para definir el buen estado de las aguas en cuanto a los límites admitidos para la concentración de nutrientes en las aguas superficiales y subterráneas, continentales, costeras y de transición.

Asimismo, la aplicación de la nueva norma conllevará un incremento de hasta el 50% de la superficie de las zonas protegidas que se han identificado como vulnerables a este tipo de contaminación. Sobre ellas se desarrollarán programas de actuación más exigentes, incluyendo limitaciones sobre fertilización vinculadas a las que se regulen en la planificación hidrológica.

La normativa también incrementa la densidad de estaciones de control y aumenta el número y frecuencia de los muestreos en las aguas para analizar su contenido en nitrógeno y otros contaminantes asociados. Además, establece medidas adicionales y acciones reforzadas para revertir la contaminación existente.

Por último, «se asume el compromiso de hacer pública toda esa información para que pueda ser usada por los ganaderos y agricultores para ajustar sus pautas de fertilización». De esta forma, «se exige la preparación de un informe cuatrienal que analice la eficacia de las medidas que se contemplen, que se remitirá a su vez a la Comisión Europea». www.miteco.gob.es

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